Portafolio de Eduardo Almeida Sánchez

Enero 28, 2007

ROBERTO MARÍN, POR UNA NARIZ

Archivado en: E-consulta, columna, local — ejalmeida @ 11:01 pm
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Eduardo Almeida Sánchez

ROBERTO MARÍN, POR UNA NARIZ
 
28/01/2007
El jueves por la noche, tras un evento en la sede estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI), se estrenó en Puebla un nuevo reality show conocido como “Big Precious” (el Gran Precioso), estelarizado por Roberto Marín, hermano del Gober Precioso, y conducido por el mismísimo Valentín Meneses. En su capítulo inaugural, los escoltas mutados en guaruras del Hermano Precioso agredieron, es decir, le rompieron la nariz a Mario Martell, reportero del diario Intolerancia, tras lo cual Valentín Meneses, ex-vocero de Mario Marín y dirigente estatal del PRI, intentó desesperadamente desaparecer el hecho y la nariz rota. 

En la noche de jueves se exhibió, nuevamente, la familia Marín en su actividad favorita. No teniendo suficiente con el escándalo por el caso Lydia Cacho y las reveladoras grabaciones entre Mario Marín y Kamel Nacif, ni bastándoles la reciente determinación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de ampliar y profundizar las investigaciones sobre la violación a los derechos humanos de la autora de “Los demonios en el Edén”; ahora Roberto Marín decide entrar en escena, con el ya distintivo sello familiar de la Ley del Coscorrón.

Pero la historia no terminó con el cabezazo en contra de Martell, ese cabezazo que en la Secretaría de Gobernación poblana tratan por todos los medios de convertir en un narizazo de periodista en contra del guarura. Ya en el Hospital UPAEP, cuentan las “siempre malintencionadas” versiones, Roberto Marín se apersonó y le dijo a Mario Martell, palabras más o menos, que el cabezazo no era en contra de él sino contra toda la prensa, que tanto ha “maltratado” a la familia Marín. De cualquier manera, habría que reconocerle al Hermano Precioso su creatividad, pues no calló en el lugar común de propinarle un coscorrón a uno de esos que se sienten “dios en el poder”, fue un cabezazo en la nariz.

La duda circula en el medio periodístico y de los derechos humanos es si acaso estos coscorrones y cabezazos son mensajes cifrados de la familia Marín, tratando de enviar sutiles señales a los periodistas y activistas; una forma de responderle a la SCJN por su decisión de enviar a sus mejores penalistas para la investigación del Gober Precioso; o tal vez, sea simplemente un gen recesivo que genera una reacción visceral incontenible ante la presencia de un reportero. Lo que sí se vislumbra es que entre los hermanos Marín parece haber una competencia para ver quién puede agredir de formas más creativas a un periodista, una competencia en la que Roberto Marín quiere tomar la delantera, aunque sea por una nariz.

¿Qué pasa en Puebla con la libertad de expresión y el ejercicio periodístico? El caso de Mario Martell se inscribe en una actitud sistemática por parte de autoridades de todo tipo: Mario Marín, el Gober Precioso, en el caso de Lydia Cacho; Perdro Ángel Palou, el Rector Precioso, en el caso de semanario universitario “La Catarina”; y ahora Roberto Marín, el Hermano Precioso, y sus muy profesionales y muy cabezones escoltas. Va quedando claro que todos estos y otros preciosos personajes, emparentados familiar, política y/o económicamente, quisieran un periodismo a modo, en donde la responsabilidad y el ejercicio serio del oficio significara someterse a la caprichosa censura del poder.

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